El marido, exasperado, se levanta de un salto de la cama y, para justificar sus ganas de hablar de pié, hace como que tiene sed, toma la botella de plástico, llena el vaso, lo deja lleno sobre la cómoda y agita la botella en el aire como un bastón:
- Pero ¿no entiendes? ¿Eres tonta o te haces? El hecho que este amigo tuyo haya dicho que conoce a algunas personas que han participado en la preparación de atentados terroristas es algo muy grave. Mi opinión es que esto hace de él un terrorista también. Alguien que conoce a terroristas ¿qué es? Es un terrorista.
- Estás exagerando, Filippo. Tal vez Amir dice estas cosas sólo para darse importancia, para ganar terreno de alguna manera. – Ella reflexiona por algunos momentos, evaluando la importancia de esa realidad. – Qué va!! No conoce a ningún terrorista, lo dice tanto por decir.............
- Pero, diantre, no se pueden decir estas cosas así, tanto por decirlas!! ¿Te parece? Y tú eres una cretina si se metes con esta gentuza. Pones en peligro a nuestra familia.
- Pero, ¿cómo se te ocurre? Tú eres el cretino si no entiendes cómo están las cosas.
- ¿Ah, sí? Entonces, dímelo tú cómo están las cosas. Veamos.
- Son los mismos americanos los que están detrás de estos atentados, incluso el de las torres gemelas. Necesitaban intimidar a la gente para seguir en sus planes de conquista, de expansión de su imperio, de financiación del complejo industrial-militar sin que nadie los molestara. Bin Laden y los demás han siempre trabajado para ellos en el pasado. ¿Qué te hace pensar que no sigan trabajando para ellos? Y además, la estrategia de preparar atentados contra civiles para demonizar a los enemigos, echarles la culpa e indisponer a la opinión pública contra ellos, es algo ya visto, un viejo recurso. ¿Te acuerdas cuando aquí en Italia también los servicios secretos y la derecha, Gladio y la CIA, hacían explotar las bombas en plaza Fontana, en la estación de Bolonia, para desencadenar el odio social contra la izquierda? Desde siempre los americanos son terroristas. Mira lo que han hecho en Chile, en Cuba, en todas partes. No lo ve quien no lo quiere ver.
- ¿Y quien ha dicho estas leseras? ¿Tu amigo Amir?
- No son leseras, Filippo. Es la verdad. Deberías ver menos los telediarios y escuchar más lo que dice la gente.
- ¿Y es esto lo que dice la gente?
- Sí. Algunas personas sí. Seguramente.
- Entonces, Elena, tienes que elegir entre yo , entre tu familia, y estas “algunas personas” a las que te refieres. Yo no estoy de acuerdo. Si quieres seguir viéndolas, primero tienes que irte de esta casa. Y estoy hablando en serio.
- Pero eres un histérico, Filippo. Trata de calmarte, ¿vale?
El amante, exasperado, detiene el viejo Fiat al lado de la calle, pulsa el botón de las luces de emergencia y mueve la cabeza de un lado para el otro, preocupado, concentrado, buscando las palabras:
- Pero ¿qué has hecho? Sabes muy bien que nunca he conocido a ningún terrorista en mi vida y no sé absolutamente nada.
- Lo sé, Amir. Lo sé, tesoro..... Pero ¿entiendes? Me sentía desesperada. No sabía qué decir, qué mentiras contarle a mi marido – Es mejor que él piense que te veo a escondidas por ciertas relaciones políticas tuyas.....
- Pero ¿cuáles relaciones?
- ¿Puedo terminar? Entonces, es mejor que él piense esto, en vez de que descubra nuestra relación.
- No, no, Elena. No....... no entiendes nada. Estas son cosas peligrosas. Son cosas que no se dicen.
No te das cuenta del momento que estamos viviendo.
Las personas como yo son sospechadas. Nos miran como potenciales terroristas, y tú te pones a decir ciertas cosas...........
- Amir, escúchame. ¿A quien quieres que mi marido cuente lo que le he dicho?
¿A las representantes farmacéuticas con las que se acuesta de vez en cuando? ¿A sus pacientes? Tanto, son todos sordos. Es por esto que van a su consulta. ¿A esa secretaria deficiente? Escúchame, tesoro, no corres ningún peligro. Créeme, es mejor así. Él se preocupa por la política, mientras nosotros....... Oye, pero ¿qué haces? ¿Lloras? Amor mío, ¿qué haces?
- No me puedes hacer esto...... Eres una inconsciente. Además, tengo mujer, tengo tres hijos....
¿Quieres destruir mi vida, Elena?
- Tesoro, ¿pero qué estás diciendo? Te asustaste, pobrecito. Quédate tranquilo. Mírame, mírame. ¿Me prometes que te quedarás tranquilo? Quiero que me lo prometas. ¿Me lo prometes?
- Sí, está bien.
Después de haber tratado inútilmente de llamar al marido, Elena vuelve a colocar su móvil en el bolso y acciona el control remoto. La puerta automática del garaje se levanta. Estaciona la furgoneta, se baja, abre el maletero y empieza a descargar las cajas de agua mineral y a colocarlas junto a las paredes laterales cuando siente el ruido de un coche que avanza lentamente por el caminito de piedrecilla. El coche se detiene frente a ella, sin apagar el motor.
Con las dos cajas de seis botellas de agua cada una en la mano, se da vuelta y ve un coche celeste con dos hombres desconocidos sentados en la parte delantera, escondidos tras gafas oscuras, y en el asiento posterior a su marido Filippo que la mira inmóvil, con una expresión mortificada. Elena deja las botellas en el suelo, se encamina hacia los hombres y baja la cabeza para mirarlos a través de los cristales de la ventana.
En el mismo momento, al otro lado de la ciudad. Fatima AI Hasan al Madani llena apresuradamente dos grandes maletas, abiertas sobre su cama, con todo lo que puede servir bajo la mirada atónita de dos niñas y de un niño pequeño que trata de mostrarse seguro y valiente frente a la presencia de esas mujeres, mientras en el salón el imán y su hermano esperan impacientes poder abandonar esa casa para volver a la mezquita. Luego, según como vayan las cosas, decidirán todos juntos lo que hay que hacer, a quien encargar a la mujer y a sus dos hijas. Del más pequeño se encargará el imán en persona. Vivirá junto a los demás niños como él y frecuentará la escuela coránica hasta que alguien pueda venir a buscarlo.