Me había hablado de eso Eduardo, después de un poco, yo las había buscado, había mirado bien en rededor, y en los libros, en los manuales y en los diarios de viaje, pero no había encontrado nada. La fantasía de Eduardo es algo serio. Galeano tiene en sus venas la profundidad del tiempo, sabe abrazar con los labios. Sus mariposas migratorias vuelven a la mente, merecen otros cuentos y entonces las veo así. Blancas y no de color naranja, más viejeras, gens vera, gente de mar.
Pesan poco más que el aire. Viven menos de ochenta días, ven salir el sol menos de ochenta veces, tal vez son univoltinas, como dicen los expertos.
Pero esto no tiene importancia, es su viaje sobre el mar lo que tiene valor.
Pesan poco más que el aire, si te acercas suavemente y soplas, ffffhhhh..... ellas se ladean, pierden la formación del vuelo, el equilibrio, y, si tienes el ojo agudo, podrás ver la mirada fruncida de una mariposa nerviosa.
Ellas, las mariposas blancas, lo sienten, lo saben por el perfume. Desde mil kilómetros llegan aromas y partículas con el olor irresistible; a transportar aromas y partículas es ese único viento tenso, sólo él es el divino porteador. En el mar se ha cargado de humedad, cada microscópica partícula de perfume ha sido envuelta por una microscópica gotita de agua que ha subido desde el mar y, antes de caer como lluvia sutil sobre la tierra, se seca un poco, se aprieta, libera el maravilloso perfume que sólo las narices-antenas de esas mariposas blancas saben sentir, no otras que se quedan indiferentes. Con el ojo justo lo ven a través de lo transparente del aire, es más liviano que la neblina, más sutil que el más refinado vapor de cosmética, menos que una nube, un suspiro de los ángeles.
Las mariposas blancas tienen la nariz justa para recibir ese perfume.
Receptores. Los científicos llaman con este nombre mecánico a esa parte del cuerpo de las mariposas blancas que transmite goce y voluntad de pertenencia a todo el cuerpo, a todos los cuerpos. Parece que, cuando disminuye ese viento que llega desde el mar, suena una sirena, o mejor dicho canta una sirena homérica. Pero nuestras mariposas tienen alas ligeras y blancas y no tienen cuerdas robustas para resistir hechizadas ante el canto de esa sirena. Responden. Se llaman, con voz sutil de mariposa, se reúnen, se nutren una última vez sobre la alfombra de ranúnculos y se echan a la mar.
Por miles de kilómetros sobre el mar. Las mariposas vienen de una vida que dura millones de años, para poder hacer ese viaje de miles de kilómetros sobre el mar. Cada una de ellas sabe que no volverá, cada viaje está hecho para una sola generación. Cada mariposa tendrá que contar, explicar el viaje, los preparativos, el perfume, la muerte, el viento, cada una a las demás, algo todo al femenino.
Y saben hacerlo bien. El viaje funciona.
Su fin, el fin de toda su vida que dura millones de años, el fin de todas ellas, depende de ese viaje. Si tan sólo una temporada el viento no pudiera traer el perfume-sirena, si tan sólo una vez, durante un vuelo de mil kilómetros sobre el mar, un temporal las destruyera a todas, su vida se acabaría, para siempre.
No se nutren sólo de ranúnculos antes del vuelo, se sumergen en los ranúnculos, se esparcen todo el cuerpo de nutrimento, engordan el doble de su propio peso, llegarán delgadísimas, destruidas...... allá, al origen del perfume sirena.
Han resistido dos días, han calculado todo, se han llamado, se saludan: hola!! ¿has venido tú también? Bien, ya es hora!! Vamos.
Una franja blanca se alza en vuelo antes que las golondrinas, para evitar a las golondrinas.
Las mariposas son un buen grupo, una nube estirada, ligera y, por ahora, compacta.
El oído del sabio, el sabio que conoce el sonido del silencio, escucha los cuentos que viajan muy cerca entre ellos … bbbrrrrhhhbbrrhhhh, fffffhhhhbbrrrhhh, vvrrhhvvrrhh.
Las alas se agitan alegremente, las salidas son siempre así, una alegría, hay que descubrir un mundo allá, esto es el viaje. Abajo, el mar es más oscuro que el cielo, hermoso, azul intenso, está cerca, tiene un buen olor, su sudor sabe de sal. También el mar tiene su sonido. Mientras más se detiene, más profundo es sssscchh, sssscchh, un ssscchh suave, justo para acompañar el vuelo ligero de las mariposas y no cubrir sus chácharas bbbrrrrhhhbbrrhhhh fffffhhhhbbrrrhhh. Son refinadas las mariposas, vuelan todo el día, se comen unas a otras, se nutren en vuelo chupándose recíprocamente, lamiéndose con delicadeza. Usan la pequeña espiritromba para succionar un poco de polen y agua de las alas y del cuerpo de la vecina de vuelo. Cada una ofrece el propio cuerpo. Al atardecer, cansadas, se posan sobre el agua detenida, pero antes de detenerse..... otro par de aleteadas, un poco de viaje más.
Lo saben, lo sienten por la vibración de la superficie, llegan rápidas desde el fondo del mar los enemigos, los peces. Miles y miles de mariposas son aspiradas, tragadas por peces fantasma, cuchillas de plata que desde abajo, desde lo profundo del mar ahora negro, las tiran hacia abajo en silencio y sus alas blancas se doblan, se enrollan para entrar en las gargantas de los peces, así millares, aspiradas. Cada noche desaparece una parte de la nube blanca y cada mañana una alfombra de confetis blancos está todavía sobre el mar, ondula lento. Son miles y miles de mariposas que ya no volarán, han sido el apoyo, el trampolín para las hermanas en el despegue, han servido para mantener secas las alas de las hermanas.
La nube blanca se dispone en capas, como un libro hinchado por miles páginas vivas, cada página hará sólo una parte del viaje, tiene que hacer una parte del viaje para que las demás puedan seguir volando, para que sólo mil mariposas puedan llegar. Desde lo alto llegan las golondrinas de mar, también ellas a romper la nube, a romper la onda blanca que de inmediato se vuelve a componer.
Y también el viento parece ocupado en reducir su número, empuja, sopla, tira, desarma el grupo, les moja las alas, hace morir de agua.
Mil kilómetros, seis días así perdiéndose, reconociéndose y alcanzando el origen del perfume sirena. Seis días para llegar a un campo de flores de bellísimos colores que ninguna de ellas había visto antes y que el reposo dejará disfrutar.
Ha terminado, el viaje ha terminado. Una larga temporada fría hará nacer nuevas mariposas blancas y.......... el año sucesivo, cuando llegue ese perfume, millones y millones de mariposas iniciarán su largo viaje.