Me queda de ti
un camino largo hacia la oscuridad
en la calma vespertina
de un barrio
en la periferia de Buenos Aires.
Las casas bajas
con patios y jardines,
la tenue luz de los faroles
sobre el
empedrado incandescente
Es verano
y el agradable perfume de los olmos
y de los tilos
satura el aire y los sentidos
del mismo modo.
Por las ventanas abiertas,
como ecos lejanos,
llegan sonidos, voces,
melodías alegres
que ritman nuestros
pasos
en pleno adoquinado.
Y nosotros,
tomados de la mano,
avanzamos impertérritos
bajo
el arco de estrellas
prisioneros de emociones
y proyectos,
por las férvidas
urgencias juveniles.
Esta noche de verano
en Buenos Aires,
adolescentes tímidos,
nosotros
arrogantes, audaces,
a oscuras
del abismo que
nos estaba esperando
algunos metros más allá.