Después de todo no estaba tan mal como había imaginado; o al menos la enfermedad era otra completamente diferente, decididamente otra, no aquélla para la cual se había preparado desde hacía tiempo, cierto no ésa hacia la que, últimamente, empezaba a advertir una insana sensación de afección.... Miraba hacia afuera por la ventana en búsqueda de un punto fijo donde imaginar que todos sus pensamientos de este período pudieran terminar su carrera, deshacerse, vencidos por la canícula, penetrar bajo la tierra hasta las raíces, para mezclarse con el núcleo, el núcleo de las cosas, el sentido insensato.
Se levantó de un brinco de la silla como si quisiera escapar de algo que lo había irritado y dirigió la mirada a su cama deshecha, estaba blanco, un blanco enfermo, el color todavía no había aprendido a mentirle, aún se notaba sobre la almohada la marca neta de su rostro.
En ese momento pensó que si hubiera podido, habría detenido esas sensaciones que le surcaban las venas como en una polaroid; pero sabía muy bien que no era así, no funcionaba para nada así; de polaroids, claro, habían muchas e inútiles, pero ésa no, no habría sido posible, para nada. Cuando te parece que has encontrado el enfoque, ahí justo, es el momento de dejarla, todo se va al diablo.... la ola arrolla el incierto diseño y se recomienza todo de nuevo, como si no hubiera pasado nada; con una sensación de desconcierto que moja los labios y retumba en las sienes.
Se fue a sentar en la cama... dejó que las piernas se balancearan lentamente con un movimiento de columpio borracho, manteniendo siempre el busto bien firme sobre las caderas. Llevaba un pijama con rayas azules y rojas, elegante, de un tejido muy bonito, brillante, tal como la piel de las cerezas aplastadas en el camino para volver a casa cuando era pequeño; rachas de calor se apoderaban de él furtivas, en el espacio de un segundo le subían desde las piernas hasta la espalda, pero en el fondo ya estaba acostumbrado; soportar era un verbo que había tenido que aprender muy luego, y al final, a decir verdad, se sentía un poco orgulloso.
Tenía una fuerza de animal salvaje, feroz y fuerte; el suyo era un furor elemental. Sabía como incendiarse en el espacio de una chispa y enfriarse como tocado por un ciclón y luego una lluvia monzónica que inundaba los zapatos hasta los tobillos; pero su maldición era la de tener que quedarse en la tierra, todavía en la superficie entre los vivos, por lo menos hasta que Dios se lo permitiera.
Esa tarde se puso a pensar en todo esto...... foto de grupo de final de los días; nada de romped filas.... nada de pupilas rojas, cabezas cornudas, ni sonrisas sorprendidas; el primer hombre.... no faltaba nadie, todos agachados, abrazados unos con otros, en pose, diseminados como la ceniza, un equipo de fútbol chiflado destinado a un glorioso, cuanto fulmíneo, retroceso. El vaso todavía estaba medio lleno y el agua tibia, como el cono de su respiración; miraba una y otra vez la caja de esas pastillas. Si dejara de tomarlas, tarde o temprano me sentiría bien.... eran casi tres meses que se las habían dado..... y él tragaba..... por salud, por deber, por error, por inercia.
Esas píldoras eran los lazos que lo tenían atado a la superficie, a los vivos, a la seguridad de los objetos.... Si dejara de tomarlas, tarde o temprano me mejoraría.... movía siempre la lengua con movimientos giratorios, como el inicio de una centrifugadora en su boca, antes de empujar la píldora hacia bajo en la garganta; la mecánica no era algo sin importancia.
Después de todo no va tan mal – le había dicho Teo, el enfermero – pero, por otro lado, él qué podía saber; la enfermedad, en el fondo, ya no estaba.... desaparecida, deshecha, tragada; o a lo mejor nunca había existido.... unos días más y habría salido. Teo había iniciado la cuenta atrás. Cada mañana con los dedos le indicaba el número, sí, justo eso..... en cambio, el número de las píldoras seguía siendo el mismo de siempre.
De niño había sido muy pobre, había sufrido el hambre; había pataleado durante meses para che su madre le comprara un par de zapatos nuevos. Los zapatos, hijo mío, son la última cosa; nadie nunca te mirará los pies antes que los hombros..... mejor camina erguido, pareces una mula con los vestidos de una muñeca....Sufrir el hambre, que expresión de mierda. La separación, sí, la separación, estaba pensando hoy – ahora – aquí mismo, como el libro Corazón. En el fondo era un mierdoso pequeño burgués; esperaba todavía quizás qué y tal vez a alguien que llegara a servírselo. Afuera está tu hermano Alfredo; ¿qué hago? Entra, por favor.... Te estaba esperando. Teo pensaba que había dicho una pequeña mentira y en cambio ... lo estaba esperando de veras y no tan solo desde algunas horas.
Teo le indicó con la cabeza la dirección y luego desapareció en sus quehaceres entre los pasillos.
Me ha dicho Elsa que estas aquí desde hace un par de días para hacerte unos controles. ¿Qué dicen los resultados de los exámenes? ¿Te sientes mal? ¿Estás mal? Parecía que Alfredo tenía ganas de hablar, de saber... o de pensar de saber. Había sido un largo período sin poder saber... “Cuando uno se cae, hay que encontrar el coraje de levantarse; sin pensar en las consecuencias, hay que dar todo lo que se tiene sin dejar espacio para los arrepentimientos.” Esto parecía unirnos a mí y a Alfredo, más que la sangre, más que las fotos de recuerdo, más que los nudos de las corbatas. Pero ahora estaban también ellas, sí, ellas.... las píldoras del hermano que estaba mal, que no estaba bien, que tal vez estaba por acabarse, como su tiempo.
Oye, Alfredo, acércate, escucha... hace poco estaba en la ventana y pensaba en.... se piensa siempre en.... pensaba en el tiempo que ha pasado desde la última vez que fui a la playa. Aquí estamos a años luz del puerto, sumergidos en el cemento; sin embargo, del mar lejano siento crecer la ola; no creo que esté dirigida hacia mí...... sólo trajes de arena.... Hace que me sienta como una ruina, una ruina actualizada desde hace poco.... Teo, el enfermero, entró a la pieza como si nada, al fin y al cabo parecía que no estaba interrumpiendo nada. Señor Alfredo, creo que ha llegado la hora de que me deje solo con.... como si no estuviéramos siempre solos, de veras. Los hombros de Alfredo se fueron con su despedida, desaparecieron en la puerta. En fin de cuentas, hay siempre un buen motivo para tragar.... las primeras veces parece difícil; los demás se agitan para explicarte cómo hacerlo. Luego se vuelve un gesto natural, como amarrarse los zapatos; con el pasar del tiempo, cada vez más rápido, más distraído, más indiferente y se comienza a no hacer caso ni de qué píldora se trata....
Leo abrió la ventana para cambiar un poco el aire; abajo, de la portería apareció la cabeza desgreñada de Alfredo. Con cuatro pasos llegó al coche, lo abrió.
Los limpiaparabrisas empezaron a moverse sincopadamente. El tiempo me dijo.... una de estas cosas.... de la mañana un tiempo que no tiene respuesta...... Improvisamente se le aclaró el movimiento de su mente. Salió bajo la lluvia.... levantó la mirada hacia la ventana abierta de par en par. Se veía la sombra de Teo en movimiento. En fin de cuentas perder – se dijo – es sólo una cuestión de método.... desde la otra parte de la vida.... una tontería para confiarles el sueño de los insensatos....
Alessandro De Santis nace en Roma en 1976 y se titula en Historia contemporánea. Algunos de sus cuentos y poesías están publicados en las revistas online: “Nazione Indiana”, “Sagarana”, “El Ghibli”, “LiberInVersi”, “La poesia e lo spirito”, “Cabaret Bisanzio”, “Terranullius”, “Niederngasse”, “L(’)abile traccia”; ha formado parte del staff del sitio literario “Lankelot”. Otros cuentos han sido publicados en antologías de Giulio Perrone Editore a cargo de Walter Mauro y en la revista literaria “Prospektiva” para la casa editorial Prospettiva. Su cuento “Jack Frusciante se l’è cota n’casa” (Jack Frusciante se escapó de casa) ha ganado de reciente el premio “Il treno e la città” (El tren y la ciudad) de Velletri. En Mayo de 2006 el cuento “Mario sì, ma Kempes” (Mario sí, pero Kempes) ha sido incluido en la antología Una palla di racconto(Una lata de cuento) para Fandango libros. Siempre en 2006 se publicó además la antología poética Voci condivise (Voces compartidas), que contenía una recopilación suya, a cargo de la casa editorial emiliana Fara Editore de Alessandro Ramberti y en Septiembre de 2006 se publica su florilegio de exordio en versos (Il cielo interrato (El cielo enterrado)), para la casa editorial Joker de Mauro Ferrari. Una critica a este florilegio aparece en la edición nacional del diario “L’Unità” a cargo del crítico Roberto Carnero. En Diciembre de 2006 es invitado al programa televisivo: “Miss Poesia” en onda en Rai Futura Tv, el canal satélite de cultura juvenil de la RAI y se ha encargado del comentario crítico a textos poéticos que componen el concierto multimedial live “Itinerario” del jazzista y músico romano Luca Chiaraluce. En Mayo de 2007 el cuento “In absentia” (En ausencia) ha sido incluido en la antología Il primo bacio fa schifo (El primer beso es un asco) de Coniglio Editore. Actualmente, después de haber participado en el curso de editing a cargo Nicola Lagioia en la casa editorial Minimum Fax y haber participado en “Licenze poetiche (Licencias poéticas) – VII festival internacional de literatura actualizada” que tuvo lugar en Macerata, está preparando Musica per orologi molli (Música para relojes blandos), un proyecto de antología literaria libremente inspirado en álbumes y piezas musicales; además desde hace poco ha terminado una recopilación de cuentos para los que está buscando un editor, contemporáneamente está escribiendo su primera novela.