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Uno más uno tres

gabriella kuruvilla

“¿Qué haces?”.
“Escribo”.
“¿En la muralla?”.
“¿Te gusta?”:
“Para nada”.
“¿Por qué?”.
“Porque esa es mi muralla, coño”.
“Tienes tantas …”.
“¿Y entonces?”.
“Entonces una puedes dármela”.
“A decir verdad, ya te la tomaste...”.
“Estoy sólo escribiendo...”.
“¿Y te parece poco?”.
“Luego limpio todo”.
“Luego ¿cuándo?”
“Cuando termine”.
“Pero ¿qué es lo que estás escribiendo?”.
“Una novela”.
“Veamos, déjame leer …”.
“No, es una novela privada...”.
“¿Y tú, una novela privada la escribes en la pared de mi pieza?”.
“Después limpio”.
“Será mejor”.
“¿Uno más uno tres, no está dicho que siempre tiene que dar dos?”
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“Ehi, ¿por qué lloras?”.
“No leas: es una novela privada. Es privada. Vete: vete!!”.
“Liz, ¿pero que dices? No puedes escribir una novela privada en la pared de mi habitación”.
”¿Y dónde debería escribirla, por favor?”.
“En tu casa, por ejemplo. A lo mejor usando papel y lápiz... También porque, de este paso, no te bastará mi departamento para escribir una novela. Privada o no”.
“No es una novela. Son apuntes”.
“Ah, bueno: ahora me queda todo claro. Entonces “Uno más uno tres, no está dicho que siempre tiene que dar dos” es un apunte?”.
“Es una reflexión”.
“Es una tontería”.
“Es una reflexión capaz de echar por tierra las bases del pensamiento racionalista”.
“Es una tontería, y nada más. Uno más uno dos, tanto es así que en esta casa somos dos y no tres.... Somos dos, uno y uno dos: aquí estamos, basta que nos toquemos”.
“No me toques!”.
“Y tú, déjate de dar órdenes: no leas, vete, no me toques.... Mientras tanto quien tiene la muralla sucia soy yo, no tú: que estás frente a mí en bragas, con una bombona en la mano y la mirada como la de una poseída ....”
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“¿Se te caen las lágrimas fácilmente hoy día? ¿No se te puede decir nada? Estaba bromeando...”. “Bromas para no pensar”.
“¿Y en qué debería pensar: “Uno más uno tres, no está dicho que siempre tiene que dar dos”?”
“No leas: es una novela privada. Es privada. Vete: vete!!”.
“Liz: si escribes en letras cubitales es imposible no leer”.
“Ahora escribo pequeñito pequeñito …”.
“Cristo, pero que molestia: ¿te parece justo? Así me arañas todo el muro, y te rompes las uñas”.
“Después estuco”.
“Después ¿cuándo?”
“Cuando termine”.
“Ah, claro. Acaba de inmediato: este ruido no lo soporto”.
“Vete!!”.
“Déjate: te estás masacrando las manos”.
“Le quito contenido a la apariencia para darle forma a la sustancia”.
“¿Limándote los dedos en la pared de mi habitación?”.
“Dejo una marca”.
“Ésos son rasguños. No son ni siguiera grafitos. No hay necesidad de mutilarse para demostrar que uno existe”.
“¿Ah no? Mira aquí...”.
“Oh mierda: ¿qué son esas cosas?”.
“Signos”.
“Ésos son cortes!!”.
“Los signos son símbolos”.
“Ésos son cortes!!”.
“Si fueran cortes saldría sangre”.
“¿Cuándo te los hiciste?”.
“Esta mañana”.
“¿Por qué?”.
“No me había dado cuenta que existía la muralla, para escribir...”.
“¿Te los curaste?”.
“Los envolví con tu sábana”.
“¿Qué sabana?”
“La de tu cama”.
“¿Y luego hiciste la cama?”.
“Sí”.
“¿Con qué sábana?”.
“Con la misma”.
“¿Pusiste la sábana toda ensangrentada en mi cama?”.
“Cada cosa en su lugar: nadaensulugar”.
“Eres tú la que no está en su lugar”.
“Una salida fácil, demasiado fácil. Y ahora vete, tengo que escribir”.
“Pero, ¿cicatrizaron?”.
“¿No ves?”.
“Preferiría no ver”.
“El ciego es el necio”.
“Ahora ¿qué haces?”.
“¿Sigues sin ver?”
“Déjate”.
“Tengo que escribir”.
“¿Quieres un lápiz?”.
“Sí, gracias”.
“De nada, es un placer”.
“Vete: me cohíbes”.
“¿Qué te cohíbe? Escribir en mi presencia o escribir en bragas?”.
“Me pasas la camiseta?”.
“¿Dónde la dejaste?”.
“En el refrigerador”.
“¿Ah?”.
“Tenía calor”.
“Aquí está”.
“No me mires”.
“¿Puedo mirarte cuando estás desnuda y no cuando te vistes?”.
“No me mires: léeme”.
“Ehi Liz: déjate de dar órdenes. Has jodido hasta ahora porque no querías que leyera lo que escribes …”.
“Léeme”.
“Tengo que leerte a ti, o tengo que leer la muralla?”.
“Somos la misma cosa”.
“La muralla es blanca...... o por lo menos: lo era …”.
“Yo soy lo que escribo”.
“¿Partiendo de los cortes en las piernas para terminar con las incisiones en la pared.?”.
“Son un signo, son un símbolo”.
“Eres una idiota: primero te hieres el cuerpo y luego me embadurnas la habitación”.
“Lee lo que escribo!!”.
“Está bien”.
“Lee lo que escribo!”.
“Cálmate”.
“Lee lo que escribo”.
“Ok. Bien, empecemos por las últimas reflexiones: “Rubattino está en el centro”. ¿Rubattino queda en el centro? ¿Me tomas el pelo?”.
“Rubattino está en el centro”.
“Rubattino queda en la periferia. Y uno más uno suman dos”.
“Rubattino queda en el centro. Y uno más uno dan tres, no está dicho que siempre tiene que dar dos”.
“Rubattino está al lado de la estación de peaje de la autopista, y queda a más de media hora de la Catedral. Desde aquí es más fácil ver el campo que la Virgen en la cima de la Catedral”.
“Ésa es la Virgen”.
“¿Eso?”.
“Esa palabra”.
“¿Cuál?”.
“Esselunga”.
“Eso es un letrero comercial, no un icono sagrado”.
“Ésa es una divinidad, con miles de millones de discípulos”.
“Y ¿quienes serían?”.
“Los consumistas: todos los días van allí a venerarla, ofreciendo dinero en cambio de mercancías, para satisfacer sus necesidades primordiales, recitando un único mantra: “Oh Esselunga omnipotente, danos hoy nuestra compra cotidiana y remite a nosotros nuestras deudas como nosotros las remitimos a nuestros deudores”. Luego se intercambian un punto fidelidad, y se van en paz”.
“Divertido”.
“Espantoso. ¿Te molesta si me corto?”.
“¿Y por qué absurdo motivo deberías hacerlo?”.
“Para castigarme”.
“¿Por qué?”.
“Ayer compré un frasco de Nescafé. En el Esselunga”.
“Mientes: no hay ningún frasco de Nescafé en esta casa. Si lo hubiera me verías con una taza en la mano …”.
“No hay ninguno porque los boto. Primero los compro y luego los boto”.
“Una buena manera para derrochar el dinero: dime dónde los botas que los recupero...”.
“En el basurero, apenas afuera del Esselunga”.
“¿Qué sentido tiene?”.
“Es un nonsense existencialista”.
“¿Qué?”
“¿Qué sentido tiene nacer para morir?”.
“Está la vida, en medio”.
“Igual: yo compro el Nescafé y luego lo boto”.
“No hay tazas, en medio”.
“Está el recibo, como testigo de un intercambio de dinero: y la vida en medio es sólo un peaje, que firma el paso de la cuna a la tumba”.
“¿Te crees un frasco de Nescafé?”.
“Odio las multinacionales”.
“Y sin embargo las financias”.
“¿Cómo?”.
“Compras frascos de Nescafé”.
“Luego los boto”.
“Para Nestlé no cambia mucho...”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“Basta!!”.
“Rubattino queda en el centro”
“Rubattino está en la periferia, a dos pasos del supermercado Esselunga, cerca de un basurero lleno de frascos de Nescafé nunca abiertos...”.
“Rubattino queda en el centro: las casas de esta zona se venden a 3.000 euros al metro cuadrado. O vivimos en el centro o alguien nos está tomando el pelo”.
“3.000 euros al metro cuadrado?”.
“Emh, bah, sí. Esta casa es un palacio.... pero parece una cárcel...”.
“¿Te refieres a los barrotes en las ventanas?”
“Querido: si te asomas con mucho entusiasmo corres el riesgo de tatuarte una cruz en la frente …”
“Lo que es siempre mejor que tener a los ladrones en la casa”.
“Los ladrones, en general, prefieren entrar y salir por la puerta …”
“Si vives en la planta baja, generalmente prefieren entrar y salir por las ventanas: es por esto que puse barrotes”.
“De todos modos, es un problema tuyo: yo dentro de poco me mudo …”.
“Por fin!! ¿Y a dónde te vas?”
“Bajo tierra”.
“Te suicidas?”
“No ahora, no aquí”.
“Ah, mejor saberlo. Entonces: ¿a dónde te vas?”:
“Bajo tierra”.
“Es una vuelta a los orígenes?”.
“Algo así”.
“Mira que bajo tierra, que yo sepa, no venden ni cerveza ni cigarrillos ni tampoco frascos de Nescafé: por lo tanto, creo que no sobrevivirás por mucho tiempo...”.
“Si vivir equivale a sobrevivir, es mejor morir para no sobrevivir”.
“Y tú, en la duda, vas a vivir bajo tierra: ¿te sepultas antes de morir?”.
“A lo mejor evito cortarme...”.
“Y yo sigo viviendo en una casa con las sábanas cándidas y las murallas blancas …”.
“Las sábanas te las lavo y la muralla te la pinto”.
“Óptima idea. ¿Cuándo?”.
“Cuando termine”.
“¿Terminar qué?”.
“De escribir”.
“¿Todavía no has terminado?”.
“No”.
“Ah, bien. De todos modos, si realmente quisieras volver a los orígenes, deberías ir a India”. “Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“¿Qué pasa ahora?”.
“Es que no se a dónde ir”.
“A India: ya te lo dije”.
“No se a dónde ir...”.
“A India… Mira, no es difícil: vas a una normal agencia de viajes, o bien navegas un poco en Internet, y te compras un billete Milán–Bombay, o Mumbai: come diablos la llaman ustedes ahora...”.
“Bombay”.
“Eso: un billete Milán-Bombay. Lo importante es que apenas lo compres no lo botes, que hay una cierta diferencia entre la vida, un frasco de Nescafé y un avión para India...”.
“No sé a dónde ir …”.
“A Bombay, a Madras, a Cochin, a Nueva Delhi. Ve a donde se te ocurra, pero no bajo tierra. Como ya te he explicado, si quisieras realmente volver a los orígenes, tendrías que irte a India. Pero es mi opinión personal”.
“India es grande”.
“También la Esselunga de Rubattino es enorme. Igual de dispersiva y caótica, si fuera por eso”.
“El frasco de Nescafé lo encuentro de inmediato. A mi familia no la encontraré nunca”.
“Eso es cierto”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“Liz: no importa quienes son tus padres, importa quien eres tú”.
“No puedo saber quien soy yo si no sé quienes son ellos”.
“Tú eres tú, no eres ellos”.
“Tú sabes quienes son tu madre y tu padre…”.
“Te juro que a veces preferiría no saberlo”.
“Yo quisiera saberlo, al menos para poder decir: “Te juro que a veces preferiría no saberlo””.
“Sabes que se han preocupado por ti y han preferido darte en adopción en vez de hacerte crecer en la miseria...”.
“Se que me han tratado como a un frasco de Nescafé, que primero compras y luego lo botas, sin ni siquiera prepararte una taza.”.
“No te han comprado ni tampoco te han botado…”:
“Tienes razón: me han botado para que me compraran”.
“¿Qué sabes tú quiénes eran, cómo estaban? ¿Cómo puedes juzgarlos?”.
“Eran dos cabrones, y estaban mal. Y me hicieron: uno más uno da tres, y el tres soy yo. Pero ellos pensaban que uno más uno daba siempre dos …”.
“Entiendo”.
“¿Entiendes?”.
“Sí”.
“Lavo las sábanas y limpio la muralla”.
“No te preocupes, lo hago yo”.
“Vale, bajo a comprar”.
“¿Esselunga, y el sólito frasco de Nescafé que primero compras y luego botas?”.
“No, voy al quiosco”.
“¿Me compras “Il Manifesto”, y tratas de no botarlo? Sabes: antes quisiera leerlo...”.
“De acuerdo”.
“Vuelve rápido. Yo también tengo que salir”.
“Entonces, sale”.
“Tenemos un solo juego de llaves..”.
“¿Todavía no haces los duplicados?”.
“Pero ¿no tenías que quedarte aquí sólo algunos días?”.
“Vuelvo de inmediato”.

“Han pasado dos horas: ¿qué hiciste en todo este tiempo¿ ¿Piensas que existes únicamente tú?”.
“¿Y?”.
“Y un cuerno: el mundo no gira alrededor tuyo”.
“¿Gira alrededor de qué?”.
“Del sol”.
“Yo soy el sol”.
“Ándate a la mierda”.
“Mira: compré una flor”.
“Es de plástico...”.
“No se marchita, aunque no le eches agua …”.
“Gracias… . La pondré en un florero sin agua. ¿Compraste “Il Manifesto”?”.
“Sí, está aquí adentro”.
“¿Adentro de esta maleta? Déjame ver: Anna, Oggi, Libero, Amica, il Riformista, GQ …. Dios mío, pero ¿cuántas revistas son? Ah, aquí está: “Il Manifesto”!! Y estas otras: Marie Claire, Max, Capital, Silhouette, Sale&Pepe, Panorama… pero si no se terminan nunca: ¿has saqueado el quiosco de diarios?”.
“No, las he comprado”.
“¿Cuánto gastaste?”
“Bah, más de 150 euros…”:
“¿Gastaste más de 150 euros en periódicos?”.
“En cultura: no se invierte nunca bastante…”.
“Oggi… Silhouette… la llamas cultura esta?”.
“Cultura-basura: ah, ah, ah”.
“¿Te hace reír?”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“¿Y ahora? ¿Lloras de nuevo?”.
“Ah, ah, ah….”.
“Basta! ¿La cortas o no?”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“Está bien: ya terminé. Ah, Ah, Ah: me río.... Ah, ah, ah, río: ¿estás contento, ahora?”.
“Eres una loca”.
“No, soy Osho”.
“Pero ¿no eras el sol?”.
“Alterno. A veces soy el sol, a veces soy Osho. En cambio tú, que eres rutinario y previsible, eres siempre Mario”.
“Muy amable”.
“Acércate, déjame que te acaricie”.
“¿Y qué te pasa ahora?”.
“Deja que te acaricie …”.
“Estás loca”.
“No, soy la reencarnación de Osho”.
“¿Ya no eres la personificación del sol?”.
“Ahora soy la reencarnación de Osho”.
“¿Y quieres acariciarme?”
“Sí”.
“Oh, Dios mío: ¿Osho era gay?”
“Osho es todo”.
“Era: verbo en pasado, el que se utiliza con los muertos”.
“Es: verbo en presente, el que se utiliza con los vivos. Visto que soy la reencarnación de Osho...”.
“Entonces, ¿Osho se ha reencarnado en una hindú de 21 años llena de cortes que se ríe y llora?”.
“Y dale!, ya te lo expliqué: no me había dado cuenta de que existía la muralla para escribir.”.
“Tú no escribes: te cortas”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.
“Ok, ok, ok... No toquemos el tema. Dale, Liz, por favor, no te comportes así.. ¿Qué haces toda acurrucada en una esquina? No llores. Levántate del suelo.... Ehi, Liz, déjate, mírame a la cara...”.
“Ah, ah, ah”.
“Coño, córtala. O lloras o ríes. Decídete. Y mírame a la cara. Liz: mírame!”.
“Lloro y río. Es una forma de meditación. Uno más uno tres, Rubattino queda en el centro. Ah, ah, ah”.
“Déjate!!!”.
“Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Uno más uno tres, Rubattino queda en el centro. Vosostros y vuestras certezas del carajo, sois ovejas obedientes no individuos pensantes”.
“Sí, ya sé: tu eres Osho y estás meditando … Luego eres el sol y me iluminas de inmensidad. Mientras yo soy rutinario y previsible. Pero, por favor, levántate del suelo”.
“No me toques, aléjate, cabrón de mierda. Eres como mi padrastro, eres como todos los hombres. Primero me hieren y luego me cuidan, para confundirme las ideas. Para que yo piense que no hay posibilidad de escape, que el salvador es el carnífice. Que el círculo se cierra y gira sobre sí mismo”.
“Liz, pero ¿qué estás diciendo?”
“No me toques, aléjate...... Te denuncio!! Ah, ah, ah... Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... ¿Sólo porque no lo he denunciado piensas que no te puedo denunciar a ti? ¿Piensas que tengo miedo? ¿Quien crees que soy? No me toques, aléjate, te he dicho!!”.
“Como quieras...”.
“Y dale, ven, hiéreme, cuídame, haz de mí tu juguete preferido...”.
“Ya no puedo más, ¿sabes?: me voy...”.
“Ah, ah, ah. Cobarde. Eso es lo que eres, un cobarde. Un maldito bellaco: yo te amo y tú lo sabes”.
“Tú no me amas, y no amas a nadie. Ni siquiera a ti misma. Tal vez éste es tu problema, pero yo no puedo resolverlo. Tienes razón, soy un cobarde: me voy...”.
“Te vas: tal como hizo él...”.
“Él ¿quién? ¿Tu padre?”.
“Luca”.
“¿Luca? Pero ¿todavía no lo olvidas? Aparte que él no se fue......... fuiste tú quien lo dejó...”.
“Detalles”.
“Son los detalles los que hacen la diferencia”.
“No me importa un pepino. Pero ¿te acuerdas?”
“¿De qué?”
“Él que bailaba con ella...”.
“¿Te refieres a esa noche?”
“Sí”.
“Ya habrán pasado dos meses...”.
“¿Y que tiene que ver?”.
“Tiene que ver: habrán pasado dos meses, desde esa noche, y cinco años desde cuando lo dejaste”.
“¿Piensas que el tiempo es tan importante?”
“Pienso que tú eres anacrónico. Y que le das poca importancia los detalles....”.
“Pero tú, ¿lo viste?”
“Lo vi ¿cuando?”.
“Mientras bailaba con ella”. “Claro que lo vi, no hacía nada para esconderse.”
“¿Viste también la delicia que fluía por sus ojos?”
“Delicia? Vi sólo que tenían la pupilas inyectadas de sangre. Se llama marijuana, no delicia”.
“Ah, ah ah... Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... ¿Tienes un poco?”.
“¿De qué?”.
“De delicia, es obvio”.
“No, todos los pushers de delicia han sido hospitalizados por un exceso de caries”.
“Ándate a la mierda”.
“¿Me insultas también?”.
“¿Lías un porro?”
“¿Quieres un té?”.
“Quiero un porro”.
“No tengo”.
“Ok, entonces dame un té.... pero como lo hago yo.”.
“¿Té, leche, azúcar y especias?”.
“Tienes que mezclar, hacer hervir y dejar que se enfríe.”
“A sus órdenes, jefe”.
“Me acuesto un instante”.

“¿Liz?” “Eeeehhhh....”.
“¿Estás durmiendo?”.
“No, estoy despierta”.
“Bien. Entonces bajemos, tu madre te espera”.
“No es mi madre”.
“Tu madrastra te espera...”.
“¿Y que está haciendo aquí?”.
“La llamé yo”.
“¿Cuándo?”.
“Mientras estabas durmiendo”.
“Infame”.
“Liz, bajemos, tu madre te está esperando”.
“¿Ha vuelto con papá?”.
“Por ahora no”.
“Es que papá, sabes, se ha chalado por la limpieza, incluso cuando me ensuciaba me limpiaba siempre, mientras que mamá ensuciaba por todas partes y no limpiaba nunca, y esto él no lo podía soportar....”.
“Liz, bajemos, tu madre te está esperando”.
“No es mi madre. Dile que se vaya”.
“Aquí no te puedes quedar”.
“Pendejo”.
“Aquí no te puedes quedar”.
“Estoy demasiado cansada”.
“Yo también”.
“Deja que me quede contigo”.
“Liz, bajemos, tu madre te está esperando”.
“Ok. Me voy a maquillar. ¿Pones un disco de Paolo Conte?”.
“De acuerdo”.
“Via, via, vieni via con meeee…”.
“Eres desentonada, pero eres lindísima”.
“Sé que te gusto”.
“Bajemos”.
“Me tomas del brazo como si estuviéramos por casarnos?”.
“Como quieras”.
“Me gustaría llevar un sari y sandalias”.
“La mini falda y los tacos te quedan muy bien”.
“¿De veras crees que soy lindísima?”.
“Sí”.
“¿Y Luca también lo cree?”.
“Sí”.
“¿Entonces por qué está con ésa?”.
“Para hacerte un desaire”.
“¿Y cuando la dejará?”.
“Tal vez nunca”.
“¿Los desaires duran tanto tiempo?”.
“A veces toda una vida”.
“Tanto me escapo con Paolo”.
“Paolo ¿quién?”.
“¿Estás celoso?”.
“Para nada”.
“Paolo”.
“Paolo ¿quién?”.
“Paolo Conte”.
“Ah: interesante”.
“Beh, lo escuchaste mientras gritaba: Via, via, vieni via con me…”.
“Cierto”.
“Lo grita al mundo, que me quiere. Él no esconde sus sentimientos. No puedo desilusionarlo, tengo que irme: con él”.
“Ahora tienes que bajar, conmigo”.
“¿Para ir donde él?”
“Para volver a ti”.

Traducido por A.M.Gabriela Bustamante Escobedo

Gabriella Kuruvilla nace en Milán en 1969, de padre hindú y madre italiana. Se titula en arquitectura y, como periodista profesional, colabora con diferentes diarios y revistas, como por ejemplo "Il Corriere della Sera", "Max", "Anna", "Marie Claire" y "D de Repubblica". Después de haber pasado seis años en la redacción milanesa de un periódico mensual de decoración de interiores, para el cual todavía colabora como profesional libre, se dedica completamente a la narrativa y a la pintura. En mayo de 2001 publica, bajo el pseudónimo de Viola Chandra, la novela Media chiara e noccioline (Media rubia y maní) (DeriveApprodi) y en 2005 Laterza publica la antología Pecore Nere (Ovejas negras) en la que aparecen sus cuentos Rubén e India, un extracto del cual se encuentra en la antología estadounidense Multicultural Literature in Contemporary Italy (Lieratura multicultural en la Italia contemporánea) (2007). También del año 2005 es Documenti (Documentos) (del que se ha tomado La casa), premiado en el Concurso literario Nacional “Lingua Madre”, ha sido publicado en Lingua Madre Dosmilsiete. Ha publicado de reciente la recopilación de cuentos: E' la vità, dolcezza (Es la vida, cariño) (Baldini Castoldi Dalai Editore-2008). Actualmente está trabajando en una novela sobre la maternidad. Sus cuadros, realizados sobre todo en arena y tejido, han sido expuestos en Italia y en el extranjero.

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Anno 5, Numero 22
December 2008

 

 

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