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del rap hip hop (el octavo pecado)

kossi komla-ebri

“Dijo entonces la serpiente a la mujer: ¡Oh! Ciertamente que no moriréis! Sabe Dios que el día en que comiereis de él se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”
(Génesis 3, 4-5)

Mis despertares desde hace treinta días son cada vez más amargos.
Con el rabillo del ojo noto, resignado, que falta la marca del cuerpo de Daniela sobre mis sábanas. Me levanto de la cama para ir a orinar. La pantalla de cristales líquidos en la pared me recuerda "10/01/2054 cita con el Profesor Dolly, 9 horas”. Las paredes del baño me transmiten una imagen de un hombre de piel negra, ya no tan hermoso, con el cabello demasiado gris que adorna como un seto una naciente calvicie.
Registro al pasar un doble mentón y patas de gallina en los ángulos de los ojos. Trato de no mirarme la barriga con triple salto de grasa que llevo como salvavidas, el esbozo de un delantal que insisto en llamar “manillas de Venus”. Me observo con una ola de tristeza en el alma: en fin de cuentas, me había encariñado con este cuerpo. Una vez también le gustaba a Daniela. Hace un mes que no la veo y la echo tanto de menos.
Como espantando una mosca que molesta, la mano derecha se me pasa automáticamente sobre mi rostro para desalojar a los recuerdos. A pesar mío, tengo que admitir que todavía estoy enamorado de ella. Me visto sin apuro Mi cita con el Prof. Dolly es para dentro de una hora. Por amor de Dany estoy listo a todo.
Alcanzo a masticar y a tragar un par de gomas de masticar al gusto de cruasán al chocolate, luego me dirijo rápidamente al ascensor panorámico con los ojos cerrados para bajar del 121º piso. Siempre he sufrido de vértigos (mis piernas tiemblan incluso en las escalas móviles). Levanto los ojos para concentrarme en un pequeño trozo de cielo gris que cubre el espacio entre dos rascacielos. El aire viciado, ácido y espeso de la ciudad se queda atrapado en el ascensor apenas toca el suelo. Antes de confundirme con la muchedumbre presurosa, introduzco rápido los filtros en las narices.
Llego a la consulta del Prof. Dolly quien me recibe con:
“Bien, vieja carroza, ¿por fin de has decidido?”
Contesto con el silencio. Él toma mi silencio por un sí.
Lo sigo poniendo un bemol delante de mis pensamientos encaramados en los pentagramas de mi cerebro para escuchar sólo a mi corazón. Este corazón que empieza a tocar una mezcla de Rap Hip Hop como cada vez que abrazaba a Dany o que pensaba en ella.
En el quirófano alguien me desviste. Tengo calor. La enfermera es rubia, y sus cabellos le sobresalen por el gorro azul enmarcando una graciosa carita de ojos color avellana que me examinan sin piedad. Leo – con pena – mi descomposición física en su mirada mi-indiferente mi-irónico que, sin embargo, no puede impedirse de echar un vistazo, sin duda por efecto de la fuerza de gravedad, hacia abajo. Seguramente compara mis “joyas de familia” con las que mantiene celosamente en sus calzoncillos su amante y expone sólo debajo de las sábanas de su alcoba. Mi orgullo de macho africano hace volteretas y enciende algunos fuegos de artificio notando, en una breve y casi imperceptible apertura de sus pestañas, la confirmación de un mito presente desde siglos en el imaginario colectivo de los blancos. Mi Daniela desde hace mucho tiempo había perdido estas ilusiones: mi apéndice trompuda ya no lograba mantener más en forma espontánea, ni tan a menudo como me hubiera gustado, la posición porta-felicidad y éxtasis.
"Ah!!! El irremediable ultraje de los años...”
Me observo y de golpe me veo realmente viejo, decrépito y chocho. Esta idea ya no me llena de alegría ni de equilibrio como antes.
En efecto, siempre había soñado la vejez como un objetivo, una conquista. También yo quería, a mi muerte, volverme “una biblioteca que se incendia”. Sin duda había escogido mal donde envejecer y morir.... y peor aún, donde nacer. He vivido mi infancia bajo el peso de baldes de agua y de cargas de madera, torciendo el cuello, pies desnudos sobre la arena caliente, una caja de Nestlé como pelota de cuero porque naturalmente Papá Noel había perdido la brújula superando el mar Mediterráneo y su carro tirado por renos se había arenado en las dunas del Ténéré. O, más sencillamente, cuando estaba sobrevolando nuestra sabana quemada, el trineo del venerable anciano de la barba banca se había devuelto porque en el horizonte no había visto ningún humero. Sus renos, sudorosos, hediondos y deprimidos por el calor y por la humedad del lugar, habían iniciado una huelga indefinida que había puesto en minoría a Papá Noel en la mesa de la negociación del conflicto sindical; sus reivindicaciones ponían en crisis la estabilidad monetaria, haciendo precipitar el P.I.B. de Scilla a Cariddi. En pocas palabras, nunca habían visto su vello blanco apuntar hacia el horizonte de nuestros tiernos deseos. En todo caso, no podíamos ni siquiera colgar nuestros sueños atiborrados de regalos en la chimenea ni tampoco en el lindo pino-rey de los bosques, por la simple razón que no teníamos ni la una ni el otro. En nuestro país, tierra de los nietos de Cam, teníamos sólo el gran baobal-árbol de las palabras, grande como la sabiduría, que un sólo hombre no lograba abrazarlo. Debajo de este árbol, día y noche, nuestros ancianos, justos poseedores de dicha sabiduría, escribían con saliva palabras sin dientes, teñidas con nuez de cola. Nuestros sueños de niños (volar sobre el pájaro de hierro para llegar al país de los juguetes) se quedaban atrapados en las ramas de los filaos donde maduraban sin florecer nunca como las flores bermellón de las buganvillas que cercaban las murallas de nuestra casa. Nosotros nos conformábamos con correr detrás de los tubos de escape de las Citroën DS que tosían y que pomposamente habíamos bautizado como “Aviones de tierra”.
Varias veces me había quejado con Daniela – mi blanca y dulce mitad incolora – al mínimo chirrido de la cadena que nos unía en estos ocho años de vida común en la que nunca habíamos considerado útil unirnos en matrimonio.
Mi voz resonaba cortante e hiriente
“No puedes entenderme porque siempre has vivido entre algodones!!”
“Siempre con la misma cantilena del pobre niño negro!!”
“No me tomes el pelo.... niña rosada!!”
Ella se encerraba en uno de esos píos silencios que simulaban izar bandera blanca en la punta de los labios para evitar mezclarse en mis discusiones viscerales sin pies ni cabeza. Una verdadera diatriba como usan los cara-pálida. A vivir con los blancos había aprendido y afinado como ellos “el arte de ganar sin tener razón”.
Había creído que era bueno insistir con un tono indignado y reivindicativo.:
“Es inmoral!! Papá Noel lleva regalos a niños ávidos de antojos!!”
Hacía como que se rendía ronroneando:
“Tienes razón, tesoro mío!! La vida siempre ha sido injusta contigo. Pero el verdadero problema, mi amor, ¿sabes cuál es?”
“No….. ilumíname!!”
“El verdadero problema es que a tu edad todavía crees en Papá Noel!!.
Su cuello extendido, acompañaba la frase con su risa desde la garganta que difundía escalofríos debajo de mi piel y me despertaba todas mis hormonas.
Ella lo sabía y venía a abrazarme. Fingía que resistía y nos poníamos a reír. Trataba de decir la última palabra sin ningún éxito: ella sabía como hacerle zancadillas a mi talón de Aquiles. Voraz, su boca devoraba la mía y en mis orejas me sumergía una cadena de “te amo” desgranada en abundancia. Me rendía y nuestras manos encontraban a ciegas los surcos habituales de nuestros montes y valles, de nuestros pozos y fuentes donde solíamos saciarnos de caricias para aplacar nuestra sed de ternura. Más tarde, mientras secaba el sudor que le cubría la sien, y mientras ella sofocaba en un pañuelo mis espermatozoos barbudos, volví indirectamente a tocar el argumento.
“He elegido mal donde nacer y aún peor donde envejecer”.
“Yo, sólo tengo miedo de envejecer!!”
“¿Por qué? Cada estación tiene sus frutos. La vejez es hermosa!!”
“¿La vejez es hermosa? Estás loco!! Una vez pasados los treinta, cada día, al despertar, sientes un dolor por aquí y otro por allá, la piel se te vuelve fláccida, las tetas se te ponen como crepes, la celulitis transforma las ancas en cáscara de naranja, los dientes se pudren y se caen. Te ahogas con el mínimo esfuerzo y las articulaciones chirrean... que horror!! Y, además, los viejos huelen a pis y a sudores malsanos!! No quiero envejecer”
“Mi niña, eres solamente el fruto de tu cultura!!”
“Augh!! El viejo sabio africano ha dicho”
“Sí, vuestra sociedad...”
“Que ya es la tuya desde hace medio siglo!!”
“Vuestra cultura ve del hombre sólo la imagen metáfora de la máquina. Los médicos dividen a nuestros cuerpos como piezas de recambio de un coche. El hepatólogo se ocupa sólo de mi hígado, el cardiólogo de mi corazón....”
“El gastroenterólogo de tus tripas.”
“Sí, es así. Y si un motor del cuerpo no funciona, se saca un perno de aquí, se aprieta un tornillo por allá. Poco a poco el cuerpo-máquina ha terminado por perder su misterio con la revolución de las fibras ópticas: penetran por doquier con la ecografía, la tac, la resonancia y todas sus diabluras.”
“Es el progreso, querido!!”
“No me importa un pepino de este progreso si no se me considera como unidad. No soy sólo un cuerpo yo!!”
“Y ¿qué más eres?”
“Qué sé yo: también tengo un espíritu, sentimientos, tal vez un alma...”
“ Pero, amor mío, ¿donde vives? Ya hemos superado esa fase hace un siglo. Del cuerpo máquina hemos pasado al ordenador para crear el hombre biónico con todas las formas posibles y concebibles de prótesis. Si tienes un anca que no te funciona, te la arreglan en un relámpago con una prótesis. Si tu corazón ya no bombea te lo cambian, si tu pajarito sufre la fuerza de gravedad te lo enderezan....”
“Es verdad.”
“Y no es todo!! No se puede detener el progreso!! El hombre puede volverse eterno!!”
“Sí, el hombre que quiere tomar el papel de su creador!! No!! Dany, no!! Yo quiero envejecer!!”
“Yo no!! Apenas me sienta vieja, iré a donde el Prof. Dolly para que me clone!!”
“¿Para qué?”
“Para que me clo-ne!!”
“¿Para que te clone? ¿Estás bromeando?”
Pero, más claro que esto, no podía ser:
“Viejo, ya es tiempo de que vayas a clonarte!!”
“Me maldecía a mí mismo por haber empezado una relación con una mujer de veinte años más joven que yo. Hacerse clonar!! Siempre me ha aterrado la idea de duplicar, de fotocopiar a un ser humano. La ley sobre la clonación humana había sido aprobada con un referéndum sin problemas de quórum desde que habían inventado el sistema “Vote y Raspe”. Para estimular la participación en las votaciones, a la salida de las urnas se ofrecía, a quien había votado, la posibilidad de apostar gratuitamente sobre el resultado final raspando en un sistema de dos columnas el presunto porcentaje exacto de los “Sí” y de los “No”. Los ganadores se dividían la suma astronómica de cuatro mil millones de Euros. En el referéndum sobre la clonación, la participación en las votaciones había alcanzado casi el noventa por ciento: el premio en juego había aumentado a ocho mil millones de Euros por falta de ganadores en el referéndum anterior. Últimamente, el debate sobre este argumento veía en un campo a todos aquéllos que estaban convencidos que la dignidad y la nobleza del hombre estaban ligadas a su unicidad e irrepetibilidad. La ciencia médica había dado pasos de gigante desde las experiencias fracasadas del Prof. Vieri Senantinoro. Ahora, los “copy”, como los llamaban, se habían puesto de moda y a clonación estaba sumamente sostenida por la globalización económica que había encontrado en ella la panacea para los problemas de la baja natalidad y de las jubilaciones. En resumen, con la replicación, los viejos se volvían jóvenes, eficientes y volvían chiflados al trabajo para seguir llenando con sus imposiciones las cajas de la previsión social. Pero, la competencia en el mundo del trabajo era aguerrida y minaba cada vez más la confrontación generacional entre los VJ (Viejo-Joven) y los JJ (Joven-Joven) que seguían alegando sobre la desocupación flexible. El nuevo método de duplicación puesto a punto por el Prof. Dolly, si bien todavía no completamente perfecto, permitía recuperar la memoria de la experiencia vivida y daba ventajas a los VJ.
Respaldada por esto, Dany, por su parte, defendía la tesis según la cual su valor y su dignidad de ser humano no estaban ligados a la unicidad de sus genes, sino a la unicidad de su experiencia e historia personal que según su opinión era más importante que su realidad biológica.
Habría perdido mi latín y mi griego en todo esto si sólo los hubiera estudiado. Para mí, el hombre era un todo, tanto biológico como de experiencia, y la clonación violaba los derechos naturales. Mi cultura me había enseñado a aceptar la vida como un don, la vejez como un privilegio y la muerte como inevitable para pasar a la otra parte del río, al país de los antepasados, aunque no se sepa nadar. Pero aquí en Eurolandia, nosotros los VV (Verdaderos-Viejos) estábamos definitivamente considerados como hallazgos arqueológicos.
Con Dany, habíamos hablado mil veces de este argumento y cada vez terminábamos por volver a la parrilla de salida, cada uno volviendo un poco atontado a su esquina y sin tirar la esponja. Este argumento nos irritaba como una espina de pescado entre los dientes, cada vez que uno de nuestros amigos se transformaba en “copy”. Las discusiones se hacían cada vez más frecuentes y el tono cada vez menos intelectual y aséptico.
Ella ya no perdía ocasión para subrayar mi decadencia física. Me tomaba primeros planos con el super zoom y el objetivo ojo de pescado y los aliñaba con diálogos y subtítulos. Lanzaba en preludio la ofensiva de una voz inocente con frases que querían parecer anodinas, tipo: “Viejo mío, te estás descuidando” “Deberías comer menos a tu edad para cuidad de tu línea!!” “Sabes, tesoro, que lo digo por tu bien!!”, para terminar de clavarme mejor con un delicioso “Sabes, a tu edad….!!”.
Tengo que reconocer que sí, había perdido la costumbre de cuidad de mi cuerpo como lo hacía una vez. Cuando era joven, al anuncio del verano, no podía dejar de imaginarme en una playa desierta de arena fina, mecida por las olas del mar, bajo las miradas admirativas de las jóvenes y menos jóvenes sirenas extasiadas frente a mi cuerpo escultural. Entonces, inevitablemente como cada noche, me hartaba de propuestas beligerantes contra mi enemigo número uno: la grasa, fruta rolliza acumulada durante las abundantes comidas invernales. “A partir de mañana” aparcaré más lejos mi coche para caminar un poco más, no tomaré más el ascensor, subiré las escalas y, sobre todo, dejaré de fumar. “A partir de mañana”, me prometía, saltaré el desayuno para hacer jogging. “A partir de mañana” a medio día comeré sólo fruta o verdura y en la noche, justo un poco de sopa, luego dos horas de cyclette y una buena ducha antes de acostarme. Todo “A partir de mañana”: pasar noche de pesadillas, calambres al estómago, en compañía de famélicos ratones al asalto del Monte Gruviera.
Cada vez que se acercaba el verano, iba a contemplar en el armario mis hermosas camisas que lograba abrocharme sólo en apnea. Miraba de reojo lleno de esperanza mis viejos pantalones que me apretaban los muslos y se empecinaban en quedarse abiertos en la cintura y que conservaba para “cuando hubiera recuperado mi línea de antes”. “Mañana” reintegraré este físico que me enorgullecía y que, según mi opinión, había conquistado a Daniela a primera vista.
Inevitablemente, al día siguiente, al desayuno, me olvidaba de todo mientras le echaba mantequilla al pan tostado antes de ponerle una generosa capa de mermelada para apagar mi hambre atávica.
La carne es débil.... y la grasa es difícil que se funda!!
Ya en ese entonces, el culto del cuerpo de modelo estaba de moda: ya no existían niños con los dientes chuecos o con los pies planos. Hacía bien en denunciar los riesgos de esta concepción, esta idolatría del cuerpo perfecto que llevaba a formas patológicas como la bulimia y la anorexia; Daniela no cedía frente al fetichismo por su cuerpo. Pasaba horas en el gimnasio a inmolar fatiga y sudor sobre el altar de los dioses del fitness, step y bodybuilding. Había llegado a tatuarse y a hacerse piercings en cada metro cuadrado de su piel.
“Si pienso que nos llamaban salvajes porque hasta hace un tiempo hacíamos estas mismas cosas!!”
Ella se conformaba con levantar los hombros con indiferencia.
Tanto insistió con su paranoia que terminó por convencerme de ir a ver a su héroe. El famoso Prof. P. Dolly.
En fin de cuentas, una visita no era una promesa y una promesa no es otra cosa que un sí conjugado al futuro.
El hombre tenía una edad indefinida y unos extraños ojos grises que te atraían y parecía que te penetraban y te disecaban hasta lo más profundo del alma.
El Prof. Dolly, un científico de fama mundial, había desarrollado el famoso método TN-CNT (Transferencia Nuclear – Clonación con Núcleo-Transferencia) que él se encargó de explicarme. “El método de la clonación es muy sencillo. Es suficiente tomar un óvulo del BOH (Banco de Óvulos Humanos) y una célula de tu piel. Vaciamos el óvulo de su ADN original. Llenamos el óvulo desnucleado de esta forma sustituyéndolo con capas nucleares de tu célula epidérmica. El nuevo óvulo obtenido se anidará en el Uterotronic-Velox, un acelerador de crecimiento, que en el lapso de tres días te reproducirá exactamente como eres, pero más joven e incluso podemos decidir a qué edad regenerarte.
Dejé de respirar para susurrar:
“Alucinante!! Parece ciencia ficción!!”
Cuando me calmé, me salió una pregunta:
“Y yo, ¿en qué me transformo?
“Tú serás siempre tú. Tu ADN conserva todo de ti, incluso tu memoria.”
“Sí, lo sé, pero, quiero decir, ¿qué pasa con mi viejo cuerpo?”
“Al inicio será hibernado en espera del resultado y, si todo marcha bien, el viejo modelo será incinerado y, si quieres, podrás conservar las cenizas como recuerdo!!”
“Es terrible!!”
Dany estaba en el séptimo cielo:
“Es fantástico!! Es el progreso!!”
“El progreso, el progreso!! Tienes sólo esta palabra en la boca!! No sé por qué, pero ese progreso me da mucho miedo!! Siento lleno de nudos el bajo vientre!!”
Silencio. Una duda angustiante me acosa:
“¿Y si no funciona? ¿Si me transformara en un monstruo?”
“No hay ningún riesgo!! Al contrario!! La duplicación abre la puerta al mejoramiento del hombre porque en cierta medida se pueden desarrollar las mejores partes de ti.
Me irrito:
“Pero, es de locos!! ¿Quién puede decir cuál es la mejor parte? ¿Quién puede establecer ese estándar para decir qué tipo de hombre es el mejor? ¿Cuál es la justa dimensión de la naturaleza humana?”
“Pero no!! Es maravilloso!! Un día podremos construir un hombre perfecto, prever sus enfermedades y evitarlas.
“¿Te imagina las ventajas para la humanidad” reforzó Daniela.
Preguntas espinudas como cactus se cristalizan en pensamientos que se agarran a mi cerebro: “¿Cuáles serán los riesgos para las futuras generaciones? Ya hemos visto en el pasado los daños que los o.m.g han causado. Sin duda los o.m.g. han permitido vencer el hambre en el mundo, pero a qué precio!!
Hemos asistido a un crecimiento improviso e inexplicable de extrañas alergias en los niños, una esterilidad difusa en las parejas con aumento de las enfermedades cancerígenas y fuerte depresión generalizada del sistema inmunitario.”
Mi voz se agita para enunciar sin convencer:
“No!! El día en que iniciarán a construir hombres mejores que otros, todo nuestro principio de igualdad, de igualdad de oportunidades entre los seres humanos se irá al demonio!!”
Silencio de asombro:
“Y, por lo tanto, la clonación es, desde un cierto punto de vista, una forma de violencia hacia el fundamento mismo de la vida: la aventura. ¿Qué sentido tendría esta vida sin el estupor, la maravilla que es la sal de la vida? La existencia no es también este continuo, sorprendente y estupefaciente descubrimiento de sí mismo y del propio destino? Donde se irá mi libertad sin mi historia personal? La vida sería triste sin eventos, sin sorpresas!!

Todo esto ocurría hace un mes atrás.
“Los perros ladran....... la caravana pasa.”
Frente a mi rechazo, Dany me observó sin verme, como a un PVC, en transparencia, luego levantó los hombros y salió del consultorio sin decir ninguna palabra. Desde ese día no la he vuelto a ver.

Abro los ojos y mi mirada cruza la de la enfermera. La reconocí inmediatamente. Me sonríe y murmura:
“Bienvenido entre nosotros!! Aquí tiene su ropa!!”
Me siento bien... me siento joven. Soy un “copy”. Una angustia me invade. Levanto la sábana, observo mi cuerpo desnudo: he rejuvenecido de por lo menos veinte años, y se nota!! La enfermera también se da cuenta y su rostro enrojece antes de desaparecer tartamudeando:
“Lla... llam... llamo al Profesor.”
El Prof. Dolly entra justo cuando terminaba de vestirme.
A mi mirada interrogativa responde:
“Todo marcha muy bien. Le avisé a tu compañera, como me habías pedido: está aquí afuera. Te espera” Con dos pasos estoy afuera de la habitación. Reconozco su silueta en el pasillo. Camino y luego me pongo a correr hacia ella. Se me acerca y nos abrazamos. Ya no vuelvo a encontrar la embriaguez de su perfume. Me aprieta y me cubre el rostro y luego los labios de besos. No reconozco el gusto. La miro bien a los ojos y me doy cuenta que es ella, pero mi corazón ya no late al ritmo del Rap-Hip Hop. Mi corazón late sólo como el jodido músculo que es, punto y basta!! No siento más nada!! Me siento perdido. Tengo como vértigos. Busco algo tangible alrededor mío al cual engancharme.
Distingo detrás de Daniela a la enfermera. Me saluda apenas, moviendo los dedos y me guiña un ojo. Se da vuelta y se aleja. Mis ojos siguen la danza de sus curvas que se balancean rítmicamente y, de repente, mi músculo cardíaco entona un Rap-Hip Hop.

Traducido por: Ana María Gabriela Bustamante Escobedo

Kossi A. Komla-Ebri nació en Togo en 1954. Médico cirujano, vive en Italia desde 1974. Miembro del comité editorial de "El-Ghibli" y director de la colección "Letteratura migrante" (Literatura migrante) de la casa editorial Ediarco. Ha publicado: Imbarazzismi-quotidiani imbarazzi in bianco e nero (Imbarazzismi(*) cotidianos en blanco y negro) (Ed. Dell'Arco-Marna 2002), la novela Neyla (Ed. Dell'Arco-Marna 2002), la recopilación de cuentos All'incrocio dei sentieri (En el cruce de los senderos) (Ed. EMI-Bologna 2003), I nuovi Imbarazzismi-quotidiani imbarazzi in bianco e nero e a colori (Los nuevos Imbarazzismi cotidianos en blanco y negro y a colores) (Edizioni dell'Arco-Marna 2004) y cuentos publicados en diferentes antologías. Recientemente ha publicado el cuento largo La sposa degli dèi (La mujer de los dioses) (Edizioni dell'Arco-Marna 2005). Para mayore informaciones, visitar su sitio www.kossi-komlaebri.net

(*)NdT: Imbarrazzismi es una palabra que no se puede traducir. El autor ha jugado con las palabras italianas “Imbarazzo” (azoramiento, incomodidad) y razzismo (racismo).

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Anno 3, Numero 14
December 2006

 

 

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