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así es la vida, cariño

gabriella kuruvilla

Yo. Yo soy la que ya no se la puede.

Trato, pero no lo logro. No me la puedo.
No hay más que decir: No me la puedo.
Se dice sugaman?, me han dicho: así se dice en el dialecto de Parma, para referirse a una persona que no sirve para nada.
Un sugaman, una toalla?. Eso!
Me puse a mirarla fijo, la toalla. Con empatía, la miraba. Con empatía simbiótica, incluso corriendo el riesgo de hundirme en ella. La fusión no ocurrió. Por lo tanto, pude expresar un juicio objetivo, de externa. Coño, me dije: pero sirve. Trata de estar sin ella. ¿Dónde te secarías las manos si no la tuvieras? En los pantalones: pero no queda bien y no está bien. ¿Dónde te secarías el cabello si no tuvieras una? ¿En los pantalones? Pero no queda bien y no está bien. ¿Dónde te secarías después de la ducha si no tuvieras una? ¿En los pantalones? No digamos tonterías, venga. Por lo tanto, la toalla sirve, y sirve tanto. Soy yo quien no sirvo para un pepino. Si no a dar motivo a debates. No: el debate no!! Por lo tanto, no sirvo para nada.
¿Nunca has sentido la sensación de que cualquier paso que des estás pisando una caca y que hay alguien listo a mirarte con un dejo de asco y a decirte ¡que hediondez! y a preguntar si viene de ti, mientras tú, con aire indiferente y con la cara amoratada, refriegas furiosamente la suela de los zapatos sobre la hierba, maravillosamente rodeada por otras cacas que ni siquiera has visto hasta cuando el zapato, que era completamente blanco, se ha teñido todo de marrón?
Esto es justamente lo que me sucedió.
Incluso he pagado por ello. Pero esto es un detalle. Pero no tanto un detalle si tienes un contrato a tiempo determinado que corre el riesgo de no ser renovado y que te hace ganar 900 euros al mes con los que tienes que pagar el préstamo que te han hecho para una casa de princesa y con los que tienes que vivir junto a tu hijo.
Casa de princesa e hijo a cargo me los busqué yo, y me gustan, los enseño al mundo llena de orgullo, por tanto ¿por qué quejarse? Porque soy yo quien no se la puede, con 900 euros al mes no me la puedo.
Podría tratar de vivir de lo que escribo y de lo que pinto. Lástima que los editores paguen 200 euros por una novela y los galeristas se queden con el 50% de las ventas. Y, además, incluso estás contenta: no sucede todos los días publicar y vender. A mí no me sucede casi nunca. Por lo tanto, probablemente estoy pisando una caca incluso cuando escribo y cuando pinto.
Sugaman, una que no sirve para nada. Siempre que yo haya entendido bien el significado de sugaman, porque una que no sirve para un coño generalmente no entiende mucho. Y, de hecho, yo del debate nunca he entendido mucho, incluso lo declaré públicamente: “Perdónenme, pero no he entendido mucho”.
En realidad, algo había entendido: que había pisado una caca y que alguien se había dado cuenta y estaba allí, listo para decírmelo.
Pero, partamos por el principio. Así es la vida, cariño.
No voy a bailar, me quedo con mi hijo. Nos despertamos el sábado por la mañana y lo llevo donde su abuela. Él llora, dice quiero ir yo también con la mamá a Reggio Emilia. Yo, ensimismada en mi papel, lo dejo en lágrimas en la puerta. Mamá es una escritora, inmigrada de segunda generación, que va a una reunión de escritores, italianos de primera generación. Pero la diferencia racial no se siente, somos todos escritores. Por lo demás, yo soy tan pálida y tan poco migrante que la definición de inmigrada de segunda generación me calza como un traje ajeno. Debería prenderme la foto de mi padre en la chaqueta, como se colocaban las insignias los sobrevivientes de la guerra, para hacerme más creíble. Mi hijo me suplica: quédate conmigo o llévame contigo. Tengo que irme. Necesito mis espacios. No puedo ser sólo madre, soy también una mujer. Incluso me lo han dicho: ¿has visto esas madres perfectas, todas casa y familia que luego matan a sus hijos? Aquí la diferencia entre la killer y la egoísta es pesada. No es que tú tengas amplio margen donde escoger: ¿prefieres la muerte perenne o el abandono momentáneo? Te doy un consejo: nunca tomes decisiones drásticas o irreversibles. Sobre todo a tres años. Mejor que vaya a Reggio Emilia y que tu te quedes con la abuela.
Modena, Parma, Reggio: es una canción de los CCCP que tengo en la cabeza y que me regala un extraño entusiasmo. No es extraño, es insensato: pero esto lo descubriré más tarde.
Modena, Parma, Reggio: ¡qué lindo!
Hace un frío del diablo en Reggio. Además, yo soy tímida, me había olvidado de esto. Entro al cine, me siento en la última fila. A mi izquierda no hay nadie, a mi derecha el pasillo. Veo todo, me ve sólo el orador que habla dando las espaldas al palco, puedo irme cuando quiera.
Se discute de cosas técnicas: la compaginación, los gráficos, internet. No entiendo nada, así es. Se hacen propuestas: ¿hagamos la sección de los peores agradecimientos? Por ejemplo, ¿habéis leído el de Viola Chandra? ¿Por casualidad entre nosotros está Viola Chandra?
¿Hay algo más cobarde que esconderse detrás de un pseudónimo?
Levanto un brazo. Probablemente el otro se pregunta: pero ¿que está haciendo ése? Y luego se responde: bueno, es el derecho. Hace siempre gilipolleces el derecho. He levantado el brazo derecho. Sí, soy yo.
Tímida sí, pero cobarde no. Tampoco soy un sugaman: para algo sirvo: para demostrar cuáles son los peores agradecimientos que se han escrito.
“Es así, los agradecimientos de Viola Chandra al final de Una cerveza y cacahuetes son un concentrado de verdadera hipocresía e involuntaria comicidad”. Y los lee, todos. “Iaia Caputo quien ha creido en ello”: ah, ah, ah: por la rima. “Davide y el amor y el viaje”: ah, ah, ah: por la inspiración. Erri De Luca, no pensaba que leyera lo que escribo: ah, ah, ah: por el uso de la notoriedad. Pero ¿qué es lo que hace reír? Pero ¿dónde está la hipocresía?
Luego añade: ah, ah, ah: por el clímax.
Oh joder: ¿qué coño es el clímax?
Ni siquiera puedo preguntarlo, ahora sí que tendrían buenas razones para reírse. Ah, ah, ah: una escritora que ni siquiera sabe qué es el clímax. Escritora inmigrada de segunda generación, por favor. Entonces ¿no sabes italiano? Sí, pero no todo. Pero ¿naciste en Italia? Sí, pero no lo he entendido todo: sobre todo el italiano. Y entonces ¿por qué escribes? Me sale espontáneo, y ni siquiera siempre. Pero probablemente he pisado una caca, espera que me limpio los zapatos. Clímax, de todo s modos, ¿es en italiano?
Farfullo algunas frases incoherentes: los agradecimientos, sí. Es que yo nunca habría pensado publicarlo, ese libro, y cuando sucedió no me quedaba otra cosa que agradecer a todas las personas que habían leído el manuscrito y lo habían comentado. Habían creído en él: como Iaia Caputo, y no es culpa mía si tiene ese apellido que termina en Uto. Y ustedes, han leído Uto? Ah, cierto, es de Andrea De Carlo. Cuando en una presentación de un libro mío, para ir a la cual me habían incluso pagado, dije que leía a Fabio Volo, ví a las dos viejitas en la primera fila que se curvaban en sus sillas. Me dio miedo que llegara la ambulancia.
Pero alguien me explica, a mí y a mi madre, que de mi primera novela ha comprado 399 ejemplares de los 400 vendidos ¿cómo es que la última fue a parar justamente en las manos del crítico de los agradecimientos?
Pausa para fumar.
Me fumo el cigarrillo doblada sobre mí misma. Luego, el organizador, que presenta el encuentro, me dice: ahora tendremos que leer y comentar la novela que nos has enviado: ¿te la puedes?
Por supuesto! Vuelvo al cine.
“Bien, ahora deberíamos leer un cuento de Viola Chandra, alias Gabriella Kuruvilla”.
“Ies, ai em protagonista”.
“¿Quieres leerlo tú misma?”
“No, gracias”. Es decir: yo soy ésa que no se la puede. Pero si tú te la puedes, adelante.
“El cuento lleva por título Buccinasco no es Corsico”.
“Ehm, no, se llama Dance-hall”.
“Y se desarrolla en una discoteca”.
“Ehm, no, en un centro social”.
“Los tubos de escape de los coches evacúan directamente en mi habitación”.
Debate: sobre el uso del verbo evacuar. Oh mierda, tengo que haber pisado otra caca....
“Cuando escuché la palabra “evacuar” se me pusieron de punta RIZZARE los pelos de los brazos, me parecía un lenguaje de Arpa”.
¿El arpa es un instrumento musical? Tal vez me está diciendo un halago.
No, se horrorizó por el uso de un térmIno científico en un contexto literario. Sensible, el chico.
“Y todo el cuento gira alrededor de un pañuelo de papel, que uno quiere masturbarse y no se le para. Pero que angustia. Pero ¿por qué tienes que angustiarme?”.
“Porque quería contar la vida de los inmigrados en Italia sin ironía ni frivolidad, tal como a menudo es: pura angustia”.
Tengo que contar todo: me llama una amiga, le pregunto ¿cómo estás? me responde bien gracias, me dan ganas de colgar, eso. Llámame cuando te sientas una mierda, quisiera decirle. Que yo la felicidad no la soporto. Tampoco aguanto la sonrisa perenne de la nueva novia del padre de mi hijo. Pero ¿es que te chutas fuerte o tienes una parálisis facial? Me gustaría decirle. Me basta que se te haya muerto el gato, es suficiente que me lo cuentes sollozando. Por lo tanto, paso a la angustia. ¿Te sientes angustiado? Ah, cómo me siento mejor”.
“Pero ¿por qué has querido contar la vida de los inmigrados en Italia?”.
“Porque soy hija de un inmigrado”.
“Ah, no se diría”.
Lo sabía que tenía que prenderme la foto de mi padre en la chaqueta. O por lo menos hacerme una sesión de bronceado.
Estoy en casa, me miro las suelas, pero que hediondez.
Sale la vecina, toca el timbre, le abro la puerta: “Perdóneme, pero ¿es usted quien ha pisado una caca?”.
¿Y cómo coño se ha dado cuenta?
Así es la vida, cariño.

*NdT: en el texto original la autora usa la palabra sugaman (toalla) en dialecto de Parma y la palabra asciugamano (toalla) en italiano.

Gabriella Kuruvilla nace en Milán en 1969, de padre hindú y madre italiana. Licenciada en arquitectura y periodista profesional, ha colaborado con varios periódicos y revistas, entre los cuales "Il Corriere della Sera", "Max", "Anna", "Marie Claire" y "D di Repubblica". Después de haber transcurrido seis años en la redacción milanesa de una revista mensual de decoración, para la cual todavía trabaja como profesional libre, se dedica completamente a la narrativa y a la pintura. En mayo de 2001 publica, con el pseudónimo de Viola Chandra, la novela Media chiara e noccioline (Una cerveza y cacahuetes) (DeriveApprodi) y en 2005 Laterza publica la antología Pecore Nere (Ovejas negras) en la que aparecen sus cuentos Rubén e India, un extracto del cual se encuentra en la antología estadounidense Multicultural Literature in Contemporary Italy (Literatura multicultural en la Italia contemporánea) (2007). También del año 2005 es Documenti (Documentos) (del que se ha tomado La casa), premiado en el Concurso literario Nacional “Lingua Madre”, ha sido publicado en Lingua Madre Duemilasette (Lengua Madre Dosmilsiete). Ha publicado de reciente la recopilación de cuentos: E' la vità, dolcezza (Es la vida, cariño) (Baldini Castoldi Dalai Editore-2008). Actualmente está trabajando en una novela sobre la maternidad. Sus cuadros, realizados sobre todo en arena y tejido, han sido expuestos en Italia y en el extranjero.
Traducido por A.M.Gabriela Bustamante Escobedo

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Anno 6, Numero 27
March 2010

 

 

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